12/2/17

Lirios de mar en Cazalla de la Sierra

He aquí una piedra llena de trocitos de cosas...

                                                        
... algunos de los cuales son como cilindros formados por moneditas apiladas:




Otras veces, las “moneditas” se ven, no de canto, sino de cara...



... caras que muestran (ampliad el centro de la imagen) unas estrías radiales:


Se trata de trocitos de lirios de mar. Los lirios de mar son unos animales con pinta de flores. Al morir, sus “tallos” se deshacían, y los trozos quedaban como parte del material que se acumulaba en algún sector del fondo marino. Aquella capa de material con trozos de lirios, hecha roca, es lo que vemos en las fotos.

Además de lirios, en la misma piedra se han encontrado conchas de bivalvos y braquiópodos, caparazones de trilobites y otros restos de bichos varios. Quizá esto sea un bivalvo (por decir algo):


Se trata de varias capas de roca, que están entremetidas en un apilamiento de pizarras que abarca todo el Silúrico y parte del periodo siguiente (ver la entrada “Piedras escritas en La Puebla de Los Infantes” en este blog). Más concretamente, los lirios que contiene vivieron hace entre 418 y 416 millones de años, última época del periodo Silúrico. Aclaro que no solo hubo lirios de mar en ese momento; os recuerdo que ya vimos ejemplos de otros periodos geológicos, en la entrada “Lirios de mar en Nerva y Morón”. 

5/2/17

El hábito no hace al mineral

La hematites es un mineral que se puede presentar en cristales aplanados brillantes y grandes...


... o algo más pequeños...


... o más pequeños aún...


... o tan pequeños que ni se ven, y dan un aspecto mucho más homogéneo:


Pero también puede formar grupos de bultitos redondeados, que al cortarlos muestran un patrón radial...


... aunque lo más común es encontrar la hematites con una pinta muy distinta, roja y más terrosa:




Cuando aparece en forma de cristales con caras planas muy brillantes, se la llama hematites especular o especularita; cuando consiste en agregados de escamitas que se pegan a los dedos, se llama a veces micácea; si la superficie del agregado hace bultos redondeados, hematites en riñones o reniforme; hematites terrosa si lo mancha todo de polvo rojo; y podríamos añadir las bonitas rosas de hierro, bolitas, costras, etc. Y en todos los casos se trata del mismo mineral, porque tiene los mismos átomos (de hierro y oxígeno) ordenados y enlazados de la misma manera.

Estas diversas presentaciones de un mismo mineral se llaman “hábitos”. Se dice que “el hábito no hace al monje”; también puede decirse que “el hábito no hace al mineral”, puesto que un mismo hábito pueden usarlo distintos minerales, al igual que un mineral puede “vestir” distintos hábitos.

(Las fotos están hechas en minas de Almonaster, La Puebla de Los Infantes, Badolatosa, San Nicolás del Puerto y Guadalcanal; en la penúltima de ellas se ve una especie de marca estrellada en la roca, por el uso de explosivos.)

29/1/17

"Piedras escritas" en La Puebla de Los Infantes




Parecen rayas de tiza sobre una pizarra, pero eso solo es verdad a medias. La piedra es una pizarra, pero lo blanco no es tiza.
                                                                                                   
Si nos fijamos, algunos trazos blancos hacen sombras con el sol que les da de refilón; así que son cuerpecillos con un cierto volumen, metidos en la pizarra. O sea, que no son manchas planas de tiza. Tampoco son cristales alargados de minerales, porque la forma no es la propia de cristales: aunque no se vea en estas fotos, muchos son como peines estrechos con las púas torcidas, y también los hay con las púas hacia ambos lados, con el eje curvo, con eje doble o múltiple... así que no, no pueden ser cristales.

Son fósiles. Concretamente, cada cosa blanca es el esqueleto fosilizado y medio aplastado de una colonia de “graptolitos”. Por cierto que su nombre no es casual: “graptolito” significa “piedra escrita”, por su parecido con trazos de tiza sobre las pizarras negras donde suelen hallarse.

Cada una de las “púas” del “peine”, es un tubito donde vivía un individuo de la colonia. Las colonias flotaban, o más bien se mantenían a flote con el remar conjunto de todos los individuos; al morir, el esqueleto de la colonia caía al fondo, junto con otros muchos. El agua cerca del fondo en este caso tenía poquísimo oxígeno, y por eso en la pizarra no se encuentran fósiles de animales que vivieran sobre el fondo. La negritud de la pizarra también tiene que ver con la escasez de oxígeno: el azufre de la materia orgánica acababa trasformado en sulfuros oscuros.

Estas pizarras negras con graptolitos son típicas del periodo Silúrico, entre 440 y 410 millones de años antes del presente. Las hay en dos zonas de la Sierra Norte de Sevilla. Sobre todo en el arroyo del Valle, la sucesión de capas es tan completa y apretada, y con tantísimos graptolitos, que se puede seguir todo el periodo Silúrico y un poco del periodo siguiente (Devónico), y dividir todo ese tiempo a base de los graptolitos que hay y no hay en cada momento. Así que esa zona se ha convertido en una referencia de importancia internacional, a la hora de comparar otras rocas silúricas con graptolitos y afinar su antigüedad.

Dos datos curiosos sobre los graptolitos de la Sierra Norte:
La sucesión de pizarras con graptolitos del arroyo del Valle (junto con las capas del Ordovícico que la preceden y algunas del Devónico que le siguen), es el único "Geosite" del Geoparque Sierra Norte, es decir, el únicio sitio de interés geológico incluido en el inventario mundial de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.
Hay una especie de graptolito que fue descrito en la Sierra Norte y la lleva en su apellido: Parapetalolithus sierranortensis.


22/1/17

Hematites en La Puebla de los Infantes




Fijaos en esas hojas brillantes que componen la piedra. Son del mineral “hematites”, un óxido de hierro. Es una de las pintas que puede adoptar ese mineral. Aquí va otro ejemplo...


... entre otros muchos que hay en esta escombrera..


... de una mina de la Puebla de Los Infantes. Cerca de este pueblo hay unas cuantas minas abandonadas donde se extraía la hematites. En otra de ellas, las escamas de hematites son mucho menores (que es lo más normal)...


... y el mineral se sitúa más o menos a lo largo de unos planos...



... que van en paralelo a las láminas de la caliza en la que se insertan...



... lo que indica que el fluido que portaba el hierro entró en la piedra a favor de la laminación. En otro punto cercano, se ve que el fluido penetró por una falla donde la roca se estaba haciendo añicos, y de hecho la hematites se encuentra entre los “añicos”:


Son curiosas algunas señales de labores mineras. En una determinada zona hay numerosas pequeñas zanjas superficiales, que luego alguien se dedicó a rellenar de nuevo, con bloques de roca...



... aunque no falta alguna acumulación de escombros redondeada en el suelo, no sé si correspondiente con algún pequeño pozo cegado:

15/1/17

Bolas de bacterias en Gilena

Curiosa piedra esta, formada por bolas blancas:



Vistas de cerca, las bolas están formadas por capitas, como si fueran cebollas:




En su núcleo, las bolas suelen tener objetos extraños. En el caso de la foto anterior, la bola del centro-izquierda tiene en su núcleo algo que parece una “peineta” que mira hacia la derecha. Si el mismo objeto lo cortáramos en perpendicular y por las púas, no tendriamos una peineta, sino una “rueda de bici”...


... así que, en tres dimensiones, el objeto vendría a ser como una copita con tabiques radiales. Es el esqueleto de un coral solitario, un bichillo parecido a una anémona. Tras la muerte del bicho, el esqueleto quedó en aquel fondo marino somero. Mientras era volteado por las olas, se vió recubierto por sucesivas capitas de bacterias verdeazuladas que hacían la fotosíntesis. Esas capitas, encostradas con carbonato cálcico del agua, son las capas de cebolla que componen las bolas.

Otras veces, el núcleo de las bolas es un trocito de concha de caracol, o de bivalvo, o cualquier otra cosa. El caso es que esas bolas se iban desarrollando y acumulando en aquel fondo marino (del Jurásico), y por debajo del fondo las bolas se iban compactando y cementando hasta dar esta piedra. Durante la formación de las cordilleras Béticas, las capas de roca del fondo de ese mar fueron comprimidas y elevadas, y ahí las tenemos ahora, en Gilena.

8/1/17

Fósiles del Neógeno en Villanueva del Río


En esta foto, a la izquierda tenemos una enorme ostra, y arriba en el centro un grupo de balanos. Aquí, otro grupo de balanos más de cerca...


... con sus formas de volcancitos hechos de placas triangulares (aunque por dentro lo que hay es más bien un tubo). Tanto las ostras como los balanos vivían pegados al sustrato, en fondos marinos someros y agitados. Los balanos formaban pequeños grupos, y las ostras podían construir verdaderos bancos al pegarse unas sobre otras:



Ostras y balanos pueden encontrarse hoy en las costas de Cádiz o Huelva, solo que más pequeñitos. Seguimos con otros fósiles de las mismas capas de roca de Villanueva del Río y Minas:


Este fósil está cortado. Se trata de un caparazón de Clypeaster, un tipo de erizo de mar plano por abajo y acampanado por arriba. No se ve bien, aunque sí se aprecia la fractura en romboedros del caparazón, y lo grueso que era. En otros ejemplares se notan los puntos de inserción de sus espinitas:


Y seguimos con más fauna del mar aquel:



A la izquierda, una concha tipo “vieira”, que todo el mundo reconocerá. También de buen tamaño. Y a la derecha, un montón de lentejitas, que veremos mejor en esta foto...


... y todavía mejor en esta otra:



Son heterosteginas, y al lado de los demás fósiles parecerán pequeñísimas. Pero no lo son, porque se trata de protozoos, que habitualmente son microscópicos. Así que, para ser lo que son, su tamaño es enorme. Se acumularon en grandes cantidades, a lo que se ve, como si fueran arenas vivas que cubrían el fondo marino. Cuando quedan cortados, lo que resulta son pares de líneas paralelas, como los que predominan aquí:



Y podríamos añadir muchos otros restos fosilizados en estas capas de piedra: otros bivalvos, algas calcáreas, caracoles, vértebras de ballena, madrigueras de crustáceos... Sus abundantes restos quedaron en el fondo marino cercano al litoral, en un momento en que el mar que ocupaba lo que hoy es la Depresión del Guadalquivir subió, e inundó el borde sur de lo que hoy es Sierra Morena. Esto fue hace unos 9 millones de años, dentro del periodo Neógeno.

En realidad ya hemos hablado en este blog de estos materiales con sus fósiles. Pero valga para hacer un repaso al respecto, usando unas cuantas fotos hechas en el término municipal de Villanueva del Río y Minas.

1/1/17

El camino del agua en la Sierra de Estepa

En lo alto de la Sierra de Estepa (me refiero al conjunto de sierras que hay entre Lora, Estepa, Gilena y Pedrera), la piedra caliza está como agujereada:



En algunas canteras se ve cómo los agujeros superficiales se concentran y se prolongan en conductos hacia abajo:





Tampoco faltan cavidades más horizontales, incluso verdaderas cuevas:


Otra señal de la presencia de cavidades subterráneas son los “hoyos” que abundan en algunas zonas, resultantes de hundimientos subterráneos, o de la ampliación de la boca de los conductos descendentes:




De modo que, al parecer, la piedra caliza que constituye estas sierras está llena de agujeros. El agua de lluvia se cuela por ellos, y chorrea por sus paredes hacia abajo. Pero a cierta profundidad, cualquier fisura está ya inundada, así que empieza a fluir por conductos horizontales hacia fuera de la sierra. Al final, el agua acaba “rebosando” sobre el borde de roca más impermeable que circunda toda la sierra. Y lo hace por puntos especialmente favorables, en forma de manantiales, que pueden estar adaptados como abrevaderos...


... o intervenidos para abastecimiento urbano (disculpadle las pintas al tipo ese):


Y ese es el camino que sigue el agua en las sierras de Estepa-Gilena-Lora-Pedrera. Pero todavía no hemos dicho cómo se forman las cavidades. 

Las hace la propia agua. El agua de lluvia incorpora CO2 del aire mientras cae, y el CO2 en el agua se vuelve ácido carbónico. El agua acidificada, al caer sobre la piedra caliza, ataca a su carbonato cálcico y se lo lleva disuelto. Así se empiezan a generar huecos, canalitos y otras formas en superficie.

Lo que no puede disolver el agua es la pequeña cantidad de partículas de arcilla que contiene también la piedra. De hecho, la tierra roja que se ve en los huecos de las fotos, no es más que la arcilla que contenía toda la piedra que ya ha desaparecido por disolución. En esa tierra crecen organismos, que sueltan CO2 por respiración; así, cuando el agua pasa por ella, toma mucho CO2 y se vuelve aún más ácida. Además, hay raíces y microorganismos que producen sus propios ácidos, que también atacan a la caliza. Todo ello, favorece la ampliación de las oquedades superficiales, y la formación de los conductos descendentes.

Antes dijimos que el agua bajaba hasta llegar a una profundidad donde cualquier hueco estaría ya inundado. Entonces, se mueve en horizontal por las fisuras que encuentra. Eso es lo que va creando los conductos más horizontales. Cuando la erosión rebaja el borde de material impermeable que rodea la sierra, el agua abandona los conductos horizontales antiguos, y abre nuevas vías descendentes y conductos horizontales más bajos. Así, los conductos horizontales ya abandonados, pueden acabar expuestos al aire, que es el caso de las cuevas de la foto de antes.

En determinadas condiciones, en cavidades no inundadas donde hay goteo, el agua puede depositar carbonato cálcico, en vez de disolverlo. Lo hace en forma de cristales de calcita, que crecen en costras sobre las paredes de las cavidades, y a veces acaban por rellenarlas:




Los cristales de tales rellenos suelen ser amarillos o pardos, porque durante su crecimiento engloban partículas de hidróxidos de hierro o de ácidos de la descomposición de la materia orgánica del suelo, también contenidos en el agua:



Si la cavidad que está siendo rellenada es amplia, los cristales pueden configurar estalactitas, estalagmitas, columnas, "cortinas" y esas cosas de las cuevas. Han quedado expuestas en algunas canteras (fotos hechas mirando hacia arriba):



Y con estas formas típicas de las cuevas kársticas, dejadas al descubierto por la mano humana, cierro esta entrada sobre el agua, su camino y sus trabajos.